lunes, octubre 24, 2005


magic places Posted by Picasa

night time is the right time Posted by Picasa

skyscrapers on the river Posted by Picasa

high parking Posted by Picasa

the streets of USA Posted by Picasa

Nicole and Lake Michigan Posted by Picasa

crime and police in Chicago Posted by Picasa

first night in Chicago Posted by Picasa

arts week3 Posted by Picasa

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viernes, septiembre 30, 2005

i've been shooting in the dark too long



Aquí todavía es jueves 29 de septiembre. Allí ya es viernes 30. No me acordaba. No me acordé hasta que regresé a mi habitación a las 10, después de mi última clase, Fiction of Horror, en la cual he participado de verdad. Al llegar he visto un correo de David, diciendo que estaba ya en Montreal, que todo había ido bien. Me fijé en la fecha. 29 de septiembre. Los jueves tengo cinco clases, en las que tomo apuntes y escribo la fecha en la parte de arriba de la página, pero sólo ahora me he dado cuenta de qué día era.

Y de repente me tiemblan las manos y me siento triste. Esta noche mis amigos y yo salimos. Sin pensar me he vestido de negro. Es ridículo. Es la clase de reacción que me parece falsa, hipócrita. Y sin embargo aquí está. Después de ocho años sigue aquí.

He llamado a las puertas de Nicole, de Chris y de Dan. Ninguno de ellos estaba allí. Sólo quería un abrazo. El lounge está lleno de gente, personas que ahora acostumbro a llamar amigos, pero no puedo pedir ayuda o una sonrisa a ninguno de ellos. ¿Qué necesito para hacer que esta sensación desaparezca? ¿Para darme cuenta de que no lo merece? ¿Para seguir adelante sin lágrimas?

Algún día podré regresar a San Petersburgo y comprobar si fue sólo una pesadilla o si de verdad existen esos lugares que vuelan detrás de mis ojos. ¿Conseguiré así librarme de los fantasmas? ¿Me convertiré en uno de ellos?¿Lo soy ya?

Escucho música melancólica y sé que no debería, pero escucho música melancólica y cierro mis ojos pintados de negro.

jueves, septiembre 29, 2005

BLOWIN' IN THE WIND

Dentro de media hora debo escapar para ir a una de mis clases de danza y después a mi clase de Fiction of Horror. En la última hora ha dejado de llover e incluso se puede ver un poco de sol. El viento también ha parado. Cuando he salido a la calle estaba diluviando y el viento arrastraba a las personas. Dicen que es a consecuencia de los huracanes en Estados Unidos.
Comienza a hacer frío y los calcetines son imprescindibles. También comienza la semana que viene la época de exámenes mid-term.
Creo que voy a dejar una de mis asignaturas, la de historia, porque cada vez que voy a esa clase comienzo a dibujar en vez de escuchar al profesor. Pero gracias a él me estoy planteando trabajar en la ONU. Hay siete idiomas oficiales y de ellos conozco (más o menos) cinco. Me faltan árabe y chino.
Además, también he decidido que el año que viene iré a estudiar a Estados Unidos. Tal vez sea el eje del mal, pero sus universidades son fabulosas. Pediré una beca para trabajar como Spanish Language Assistant y, si no me la conceden (sólo hay 3 plazas para toda la universidad), una beca que me permita estudiar un semestre en Vermont y otro en California.
¿Por qué lo hago? ¿Por qué lo deseo? No lo sé. Pero hay algo que me impide descansar, quedarme parada, y no soy lo suficientemente fuerte como para combatirlo... o tal vez no quiero hacerlo.

sábado, septiembre 24, 2005

THE HATS CLUB


Otro hermoso día en Ottawa. El viernes es siempre fantástico. Sin clases. Fui al Rideau Centre en busca de zapatos (...) y descubrí que de nuevo había algún problema con mi tarjeta. Según el cajero mi cuenta estaba vacía (¿cómo?). Probé la otra tarjeta. El cajero me dijo que estaba estropeada (¿¿cómo??). Decidí no preocuparme demasiado. Algunos cajeros simplemente funcionan mal.
Revelé algunas fotos, compré comida (incluyendo una ensalada de garbanzos!!!) y alquilé tres películas más en el Blockbuster. He alquilado tantas en menos de tres semanas que me han subido de categoría, ahora soy socia preferente o algo así. Por fin alguien que sabe apreciarme.
Regresé a la residencia y miré en Internet. Mis dos cuentas tenían dinero... pero una de ellas no había registrado movimientos desde el 14 de septiembre, cuando en realidad ayer mismo saqué dinero de esa cuenta. Salí con Nicole de nuevo al centro... Probé a sacar dinero en otro cajero. Nada. No lo entiendo. Tal vez hay un límite mensual para lo que puedo gastar y con las tasas de la residencia lo he superado... El caso es que de nuevo me hallo con 6 dólares en el bolsillo hasta... quién sabe hasta cuándo. Y han subido en 11 céntimos el precio de mi wrap preferido.
En el lado positivo, aquel que no se refiere al dinero (ugh), las relaciones con la gente que vive aquí cada vez son mejores. Nos reímos mucho y hacemos planes. Creo que iré a Montreal con Connor y Nicole a ver a Rufus Wainwright. Y en Acción de Gracias iré a Chicago con Nicole. Además, mañana empieza mi cursillo de primeros auxilios y estoy segura de que será magnífico.
En el lado negativo (de nuevo), la ensalada de garbanzos es horrible.

jueves, septiembre 22, 2005

CUBIST BUDDIES






Es jueves y he tenido ya cuatro clases. Todavía me quedan dos más. Ayer fuimos otra vez al karaoke, pero esta vez no canté, y esta mañana tuve clase de sintaxis a las 8.30. Tuve que escribir rápidamente 500 palabras sobre por qué Donnie Darko no es una película de horror e intentar imprimirlo en alguna parte... más difícil de lo que parece. Al final un hombre calvo, lleno de tatuajes, con dientes torcidos y perilla desierta me ofreció su tarjeta para imprimir... Cuando se la devolví me lanzó un beso (ugh).
Estoy deseando que llegue mañana y despertarme tarde... y tal vez ir de compras. Ayer compré un par de zapatos y un gorro, paseé, hablé con desconocidos y tuve mi primera clase de ballet desde que tenía 11 años. Fue magnífico.
Por fin os enseño algunas fotos. De algunas de las personas con las que vivo ahora y del lastimoso partido de fútbol al que fuimos. Las fotos del partido de fútbol se explican solas... aunque no se ve la lluvia. En cuanto a las otras, son de nuestro lounge. En la primera están María (Uruguay), Ashley (Canadá) y Mikael (Francia). En la segunda, Dan (Irlanda), la camiseta verde de Connor (Irlanda), Patrick (Suecia), una chica con jersey rosa, Violette (Francia), Eric (Suecia), Guillaume (Francia), un chico y una chica que no conozco, una chica que conozco pero cuyo nombre no recuerdo, la camiseta amarilla de Janice (Canadá) y Chris (Canadá). Faltan muchos muchos muchos... pero me da pereza ir a buscar la cámara cada vez que nos reunimos, así que tendréis que esperar.

lunes, septiembre 19, 2005

GIRL FROM THE NORTH COUNTRY


Es lunes. Eso significa que llevo en Ottawa dos semanas. Y también que llevo tiempo sin escribir.
Se han producido algunos cambios. Tengo más clases, menos dinero, una de mis arañas acaba de devorar un insecto mezcla de libélula y avispa, ha llovido un par de días y he comenzado a salir de mi habitación. Supongo que fui bastante ingenua al creer que mi autoexilio sería duradero.
De nuevo tengo amigos de todas los rincones del planeta: Dan, Connor y Ciara de Irlanda, María de Uruguay, Eric y miles de chicas rubias de Suecia, Mikael y Violette y Guillaume y Martin y Thibault, etc, de Francia, Nicole de Alemania... El miércoles pasado fuimos a un bar hecho totalmente de madera. Había karaoke. Todos los españoles cantamos La Bamba y después María, Dan y yo cantamos Who the fuck is Alice...
El sábado fuimos a un club con música horrible y bebidas caras, pero lo pasamos genial. Bailamos sin parar, hicimos piruetas extrañas, los guardias de seguridad nos llamaron la atención por causar demasiado alboroto. Ayer estuvimos viendo "Snatch" en el lounge.
Es interesante ver cómo nos hemos convertido en una minicomunidad, donde cada uno mantiene su anonimidad al mismo tiempo que disfruta de la compañía de los demás.
También hemos ido a un partido de fútbol americano... Aburrido, pero he aprendido las reglas.
La verdad es que todavía no me encuentro totalmente a gusto aquí. Más o menos me he acostumbrado al ritmo de las clases y de la vida, pero todavía me siento un poco distanciada de todo esto, presente sólo a medias. Por suerte he encontrado gente con quien hablar de cine y música y libros, gente con quien hablar en inglés, en francés, en español e incluso en ruso, gente con quien ir de excursión o a bailar. Pero nada es real por el momento.

miércoles, septiembre 14, 2005

JOHNNY & CASH


Había prometido hacer fotos y mostraros cómo es la ciudad y el campus... pero la verdad es que sólo una semana después de llegar ya me halló totalmente sobrecargada de lecturas, encuentros, clases, compras... La mayoría de los estudiantes tienen cuatro clases. Yo he decidido tener seis. Cuatro de ellas de literatura (Modern British Literature, American Contemporary Fiction, Shakespeare, Fiction of Horror), una de lingüística (Syntax, ugh), y una de historia (World History from 1945, donde vamos a estudiar las operaciones de la ONU con un profesor que trabajó para ellos durante toda su vida y que ha explicado en una clase 250 páginas de nuestro libro).
Así que paso los días leyendo, corriendo de un extremo del campus a otro, subiendo y bajando escaleras, comiendo a horas extrañas, bebiendo agua sin parar (hace mucho mucho calor), hablando con Dario, hablando con mis compañeros de pasillo o con cualquier persona en cuyo camino me cruzo (no soy yo, son ellos) e intentando no quedarme dormida. Ni siquiera tengo tiempo real para pasear por la ciudad o trabar amistad de verdad con mis compañeros (también es cierto que no estoy muy motivada). Me relaciono sobre todo con Louie, y me aguanto las ganas de regalarlo todos los días, y con Johnny y Cash, dos arañas que han acampado en mi ventana y en pocos días han elaborado la telaraña más impresionante del mundo. Son capaces de devorar a cualquier ser viviente, así que trato de evitar que entren en mi habitación. Cuando escucho la música de Johnny Cash ellas bailan, de allí su nombre. No sé cómo lo consigo, pero siempre encuentro arañas allá donde voy.

domingo, septiembre 11, 2005

NATURE CHILD

Son las siete de la tarde... la una en Madrid. Al mirar por mi nueva ventana veo cielo azul y árboles y edificios altos y feos y la telaraña que poco a poco teje la araña que despedí de mi habitación en los primeros días. Ayer estuvo a punto de atrapar a una polilla.
No tengo fotos que enseñar de mi viaje a New York porque dejé la cámara en Madrid y tuve que utilizar cámaras desechables. Todavía no me he atrevido a revelar los carretes. Temo que no salga ninguna fotografía. Tampoco tengo ninguna imagen que mostrar de Ottawa... por ahora. Hoy me he comprado otra cámara. Intento pensar que en realidad mis gastos no son tan gigantescos como parece, que el dólar canadiense tiene poco valor... pero en estos días he pagado la residencia y el seguro médico, he comprado libros y platos y cubiertos, he comprado comida y tarjetas telefónicas. El lunes me apuntaré a un curso de primeros auxilios y a una excursión de tres días por las montañas de NY y a otra explorando cuevas y a varios cursos de baile. Y todo cuesta dinero y tengo que tener cuidado. Debo pensar en los gastos, en mis ahorros, en mis planes. Debo pensar en dinero y en tiempo. Me encierro en mi habitación, abrazo la almohada y trato de dormir. Y no puedo pensar en esas cosas materiales... de alguna forma creo que es de mala educación, vulgar.
Tumbada en mi nueva cama, con un colchón de verdad, pienso... pienso que no sé muy bien por qué estoy aquí. Pienso que quedan más de cien días para Navidad. Pienso que si no estuviese aquí estaría en Madrid y que sería peor, porque los edificios son más altos, los mendigos no te desean un buen día, los dependientes no te preguntan cómo estas, no barcos aparcados en medio de la calle, ni hombres que pasean papagayos. Aquí puedo ver las estrellas por la noche, a través de mi telaraña.
Vi New York y me gustó. El Greenwich Village, con sus clubs de jazz, la universidad, los restaurantes exóticos y las escaleras de incendios. Fui al Village Vanguard y a Broadway y a Long Island. Tomé pizza y smoothies y muffins y ensaladas y sushi. Después Sam me llevó a su casa, al norte del Estado. Me recordó a Rusia... o tal vez a mi idea de Rusia. Verdaderos bosques, riachuelos salvajes, lagos en calma, animales de todas clases. Vi casas mágicas y conocí a personas mágicas, como Emma, la hermana pequeña de Sam, un elfo de tirabuzones largos. Me columpié en un verdadero columpio en un árbol. Paseé por los campos que pertenecen a la familia de Sam, campos de flores salvajes. Nadé en un lago con un bañador de flores y vuelo, de Barbara, la madre de Sam. Canté canciones en un coche, miré las estrellas. Lloré un poco o demasiado... porque estaba en el lugar más maravilloso del mundo, pero sólo era una visitante. No pertenecía a esos árboles ni a sus leyendas. Los amigos de Sam no eran mis amigos y sus bromas no eran mis bromas. Fuimos a la fiesta de la cosecha, en un gran cobertizo. Había una banda y gente bailando y muchas mesas con comida y niños corriendo. Muchos me hablaron. Muchos se interesaron. Pero yo me sentía fuera de lugar.
Eso me entristeció. ¿Quiere decir que pertenezco al mundo real? Al mundo de las ciudades, de los coches, del dinero, de las carreteras, de los rascacielos. Un mundo son bosques, sin elfos, sin cientos de flores y gatos, sin banderas de colores y tortitas de arándanos los fines de semana. Pero tampoco pertenezco a Madrid, ni a Inglaterra. Y cuando llegué a Ottawa y vi que era una ciudad de verdad no pude evitar sentirme decepcionada. No quiero ver edificios altos alrededor. No quiero ver autopistas ni cemento ni capas de contaminación ni polvo ni ruido ni comida rápida en todas las esquinas. Ottawa es hermosa, hay castillos y un verdadero río y ardillas de colores... pero es una ciudad y mi habitación está en la décima planta de un edificio inmenso.
En NY todavía hay parcelas de tierra a la venta. Parcelas grandes, como la de la familia de Sam. Con bosques y ríos y campos y pájaros. Él me dijo que no son muy caras. Quise apuntar algún teléfono y preguntar... preguntar qué... preguntar cuánto cuesta. Dinero. De nuevo. Incluso en los últimos paraísos de la naturaleza se nos obliga a ser materialistas.
Hoy compré una planta y me siento mejor. Se llama Louie y no sé si es un cactus o una flor. Me han dicho que sólo tengo que regalarla una vez cada dos semanas, pero que necesita sol, que no puede estar siempre a la sombra. Tal vez Louie y yo somos parecidos.
Os incluyo una fotografía alegre, de Madrid, en un día soleado, con árboles alrededor.

sábado, agosto 27, 2005

GOING, GOING, GONE


Son las ocho y media... tal vez un poco más. Acabo de regresar a casa y parezco una muñeca rusa. Elia, como regalo de despedida, me ha maquillado. Al mirarme, se puede adivinar que sueño.
Estoy en el salón, impaciente, esperando poder hablar con Dario a través de Internet. Mañana antes de irme le llamaré y después... quién sabe cuándo hablaremos de nuevo. A mi izquierda está el acuario, iluminado, con arena, guijarros, piedras y plantas que parecen estar despidiéndose de mí.
Mañana me pondré mi falda verde y un par de los miles que tengo de zapatos rojos y volaré volaré volaré.
Euri me ha dicho que en julio se va a Sudáfrica a estudiar y que tengo que ir a visitarle. Me hace tanta ilusión. Podré ir a Dinamarca y a Alemania y a Sudáfrica y quién sabe si a algún otro país. Y seguiré conociendo la bella Italia. Me gustaría no tener que arrastrar maletas de un lugar a otro, poder viajar sólo con una mochila, no ser prisionera de lo material. Tal vez algún día lo consiga.

miércoles, agosto 24, 2005

VACANZA


En Madrid hasta el domingo, después de un viaje por Andalucía con Dario lleno de personas interesantes, casas hermosas, playas llenas y anécdotas continuas.
Estuvimos en Cádiz, Sevilla, Ronda y Málaga. Nos quedamos en el albergue de un loco ecologista que chapurreaba todos los idiomas y pronunciaba mi nombre con una O muuuuy larga. Dormíamos en la terraza, en unos colchones que colocamos bajo las planchas solares. Era hermoso. Por las mañanas desayunábamos pan integral con mermelada casera de naranja y limón. Íbamos a la playa y comíamos fruta. Un francés intentó echar un encantamiento de negatividad a Dario, pero sólo consiguió miradas divertidas. Conocimos también a Thomas, un alemán que hace unas semanas decidió dejar su trabajo y su país para ser libre. Ha viajado por toda la costa española y ahora espera un vuelo a las Canarias, un vuelo sin retorno. Hablamos de religión y filosofía, de decisiones vitales. Ellos tomaron chocos y adobos en la plaza de la Catedral. Vimos el Carnaval. También la feria en Málaga. Podría contar tantas cosas. Parece como si hubiésemos estado allí toda una vida. Una buena vida.
Ahora debo hacer las maletas, tomar un avión, ir al otro lado del océano. Tengo tantas ganas de conocer New York, de disfrutar de la nieve en Ottawa. Pero de nuevo vienen las dudas y las tristezas. Hoy he comprado un acuario para mi padre. Me hace mucha ilusión ir a comprar los peces con él y ponerles nombres. Después ellos se quedarán aquí y yo me iré.
Noelia ha cogido hoy un vuelo para Suiza y no podremos despedirnos. No la volveré a ver hasta el final de diciembre. Tal vez a Dario tampoco. Cuatro meses. Tal vez pasen deprisa.
De nuevo otro lugar, otras personas, otra habitación, otras oportunidades. No sé qué digo o escribo. Veo una película italiana ambientada en San Petersburgo. Echo de menos tantas cosas.

lunes, agosto 08, 2005

domingo, agosto 07, 2005

viernes, agosto 05, 2005

sábado, julio 23, 2005

SPECIAL OCCASIONS


Son las nueve de la noche de un sábado en que no trabajo y estoy en mi habitación, observando las cortinas, desilusionada porque nadie me llama. Ayer fui a ver un musical y mis mejores amigas no pudieron acompañarme por diversas razones. En estos días yo también he rechazado varias invitaciones a fiestas u otros compromisos, por trabajo, por mal humor o por planes que no se realizaban. Me han acusado de ser distante, de no prestar tanta atención a mis amigos como antes. Y tal vez sea cierto.
Parece que todos tenemos una sensación de decepción respecto a nuestras amistades. Tal vez no llaman o no pueden vernos o no quieren hacer aquello que nosotros queremos, y sentimos que algo va mal y que no es justo. Cuando mis amigos me dijeron que era fría y distante respondí que estaba ocupada (lo cual era cierto) con clases y trabajo y papeleo, que no podía centrar mi vida en ellos. Todos tenemos una vida propia y dejamos que en ella entren otras personas, pero casi nunca permitimos que la conquisten. Entendemos cuando nuestros amigos prefieren trabajar en vez de ir al cine o estudiar en vez de ir a tomar algo, pero a todos nos duele. A veces no reconocemos que cada uno de nosotros está haciendo lo mismo respecto a los demás. Dando más importancia a su vida como individuo que a su vida en sociedad... ¿Es eso algo negativo? No sé.
Cuando ocurre algo, en ocasiones especiales, nuestros amigos aparecen y nos ofrecen su ayuda y su abrazo, solucionan nuestros problemas o celebran nuestros éxitos. El año pasado, cuando estuve en el hospital, todos los días venía alguien a visitarme o me llamaban para ver cómo estaba. Cada vez que lo necesito, mis amigos hablan con mis profesores en mi lugar y arreglan mi vida académica. Recibo llamadas y felicitaciones en mi cumpleaños, y cada vez que regreso de mis viajes se ponen en contacto para verme. Pero ¿qué ocurre en los períodos en los que estoy aquí, en los que no sucede nada? ¿De verdad nos estamos distanciando todos poco a poco o es nuestra imaginación? Tal vez no es cierto que ahora damos prioridad a nuestra vida individual, al contrario, tal vez ahora necesitemos más que nunca a los demás y por eso nos sentimos tan solos, tan abandonados.
He leído los mensajes que recibí y envié mientras estaba en Inglaterra. Es cierto que todos vivíamos cerca, pero nuestros horarios no coincidían y debíamos esforzarnos un poco para vernos a menudo. Y lo hacíamos. Comprábamos comida y vino, nos reuníamos en la cocina de alguien y cenábamos todos juntos, con platos prestados y a veces compartiendo tenedores o vasos o lo que fuera necesario. Es cierto que había días en que no salía de mi habitación, pero siempre recibía mensajes o me llamaban por la ventana o Euri se colaba en mi cuarto para jugar al Risk. Conseguíamos que todos los días fuesen ocasiones especiales.
Tal vez lo que viví en UEA fue un universo aparte, no exactamente ficticio, pero tampoco exactamente real. Aquí es más difícil. Como de costumbre, siento atemorizada que el tiempo pasa y que nosotros hacemos lo que sea para ir a su ritmo, para que el futuro nos encuentre preparados. Pero ¿lo estamos? ¿a qué precio? Me da miedo que año tras año las ocasiones especiales en las que nuestros amigos de verdad están allí, en las que nosotros de verdad estamos allí, tengan que ser más y más especiales: bodas, muertes, divorcios, despidos, nacimientos... ¿Qué parte de nuestras vidas somos capaces de ofrecer a los demás? ¿Cuántas amistades estamos dispuestos a sacrificar para estar preparados?

jueves, julio 21, 2005

LITTLE GIRL


Qué decir, qué contar... Abro mucho los ojos para ver las imágenes que llegan desde el exterior, pero no entiedo demasiado. Así que, como de costumbre, hablaré de mí.
De nuevo inseguridad. Siento que mis amigos se han hecho mayores o que todavía no, pero no se preocupan por ello demasiado. Yo, sin embargo, pienso a menudo en que los años van pasando por mí y aparecen algunos cambios, pero siempre parece que lo hacen de forma imprevista o demasiado lentamente.
Con veinte años y ima Diplomatura estoy trabajando en la barra de un bar, los días en que mi jefe decide llamarme. Voy a clases de baile e intento organizar mis viajes y mis estudios. Sé que soy joven, pero tengo la impresión de que estoy malgastando todo. No puedo confiar en mi inteligencia ni en mis conocimientos. Recibo más cumplidos por mi apariencia, que nunca me ha gustado, que por las cosas de verdad importantes.
A veces la gente cree que tengo más edad, 22 o 23 años. A veces creen que tengo menos. Paso los días tomando zumo de naranja y dulces, viendo series que me confunden, leyendo libros en idiomas diferentes y haciendo y deshaciendo mis coletas. Me planteo entrar como becaria o interina en alguna editorial, hacer algo que de verdad me interese. Pero ¿quién puede tomarme en serio si no lo hago yo misma? En mi cama deshecha todavía duermen mis muñecos y todos tienen nombres y por la noche me abrazan para evitar que caiga en mis pesadillas.

domingo, julio 17, 2005

FRIGHTENED WORDS

He abierto mi antología de Alejandra Pizarnik al azar y la poesía siguiente ha aparecido. Quería publicar aquí algún poema de uno de mis autores favoritos, que pudiese expresar cómo me siento, ya que no parece que yo pueda hacerlo sola.
Al principio dudé de si escoger este poema o no, ya que el tema del que trata no estaba en esos momentos en mi mente, y, sin embargo, creo que no podría haber elegido mejor. Desde que recuperé mi ordenador, con todo el disco duro borrado, he sido incapaz de escribir. Creí que haber perdido parte de mis escritos podría impulsarme hacia una nueva etapa y una nueva fiebre creadora como la que he experimentado en varias ocasiones, pero aunque mi imaginación vuela y vuela y me muestra sus colores más esplédidos, tengo miedo de usar las palabras.
¿Por qué? Años y años diciendo que lo que de verdad quiero en la vida es escribir... y nunca he admitido que en realidad tengo miedo de las palabras.
Al principio justificaba mi falta de organización a la hora de escribir como períodos de sequía imaginativa, falta de insipiración. Después, admití que un factor muy importante es mi pereza, que prefiere tomar zumos de frutas y leer cuentos infantiles antes que pasar noches en vela buscando las palabras adecuadas para cada línea del relato o cada verso del poema. También influía mi falta de tiempo libre (antes), mi nerviosismo, mis depresiones, los medicamentos, las diversas situaciones extrañas en las que me veía hundida (sobre todo en el aspecto emocional)...
Pero ahora debo confesar, creo que por primera vez de manera totalmente consciente, mi miedo a escribir, a utilizar las palabras. Uno de mis profesores de escritura en Inglaterra me preguntó cuál era mi objetivo como autora y yo respondí que era crear belleza. Pero ¿soy capaz de hacerlo? ¿Acaso a alguien le interesa? ¿De verdad creo que en un futuro pueda escribir y escribir y merecer el título de escritora?
Hace bastantes años, seis o siete, le enseñé a mi padre al mismo tiempo uno de mis cuadros y uno de mis relatos. Dije que me gustaría ser pintora y escritora, pasar mi vida envuelta en arte. Mi padre me respondió que veía muchas más posibilidades en mi futuro como autora. En ese momento me sentó un poco mal, ya que yo estaba de veras emocionada con la pintura y tenía innumerables ideas para óleos nuevos. Ahora, sin embargo, esas ideas apenas llegan. Es cierto que cada vez que me encuentro con un trozo de papel y un lápiz o un bolígrafo comienzo a dibujar, peo casi siempre de forma perezosa y casi siempre los mismos motivos.
¿Sucederá lo mismo con la escritura? ¿Ha sucedido ya? Sé que en la pintura me faltaba un estilo propio, algo personal que aportar. Creo haber encontrado mi voz tanto en poesía como sobre todo en prosa, pero ¿me estoy engañando?
Leo el último libro de Harry Potter, porque soy así y todavía creo en la magia. Y sé que podría escribir libros infantiles, pero... ¿puedo?
¿Me he estado engañando todos estos años? ¿He estado engañando a los demás? ¿Tengo tanto miedo a las palabras que renunciaré a intentar dominarlas? ¿Merece la pena? ¿Puedo aportar algo a alguien? Yo sólo quería crear algo hermoso, nada profundo ni rentable ni revolucionario... Sólo un par de libros que produjesen una sonrisa en los lectores, la esperanza de que tal vez todos vivimos en un mundo lleno de magia.

cuidado con las palabras
(dijo)
tienen filo
te cortarán la lengua
cuidado
te hundirán en la cárcel
cuidado
no despertar a las palabras
acuéstate en las arenas negras
y que el mar te entierre
y que los cuervos se suiciden en tus ojos cerrados
cuídate
no tientes a los ángeles de las vocales
no atraigas frases
poemas
versos
no tienes nada que decir
nada que defender
sueña sueña que no estás aquí
que ya te has ido
que todo ha terminado

Alejandra Pizarnik... tal vez hablándome a mí

domingo, julio 10, 2005

NOT REAL

Y ahora, ¿qué sucede? ¿Más discusiones sobre política o religión o filosofía? ¿Más discursos encendidos sobre la sociedad? ¿Más consejos y reflexiones inútiles? No.
Hoy, con el permiso de mis lectores fantasma, quiero reflejar alguna de mis inseguridades personales. Son casi las ocho de la tarde y a estas horas tendría que estar en el trabajo, preparando todo para el concierto. Pero estoy en mi casa, en mi cama, escuchando música de los años 60 y escribiendo en mi portátil. ¿Por qué? Porque el encargado no me ha llamado para decirme que vaya a trabajar. Ayer llamó para decir que no fuese. Hoy ni siquiera eso. Tras todo un día de estar pendiente del teléfono me siento aun más estúpida que cuando pasaban mis horas esperando llamadas de los chicos con los que salía. Esperar impaciente la llamada de alguien que te importa es muy diferente de esperar la llamada de tu jefe.
Razón por la que no estoy trabajando: 1) Porque hay pocas entradas vendidas, por lo que habrá pocos clientes; 2) Porque no soy la novia del jefe ni su hermana ni su prima. Soy mejor que cualquiera de las demás y siempre aportó más dinero, pero tengo que quedarme en casa.
A lo largo de mi vida he disfrutado de muchas ventajas por ser hija de mi padre, porque él conocía a mucha gente importante. Tal vez no merecía esas ventajas, pero ahora estoy intentando hacer todo por mi cuenta. Pese a todo lo que pueda conseguir sé que nadie me toma en serio. No lo entiendo. Hay gente de mi edad que ya es gente de verdad, pero yo... Mi padre dice que cuando regrese de Canadá debería buscar un trabajo de verdad, hacer prácticas en una editorial o impartir clases de idiomas. Las dos opciones me precipitarían en la vida adulta. Es posible que esa perspectiva no me agrade demasiado, pero también es cierto que creo que no se me dará esa oportunidad. ¿Quién me daría un trabajo de verdad? ¿Acaso tengo algo material que aportar? Como personaje de un libro o de una película funciono muy bien, como amiga a veces, incluso como guía o musa... pero como ser real no.
¿Qué hace falta para triunfar en este mundo? ¿Alguna vez podré hacerlo? ¿Debo renunciar a ser yo para ser admitida en el mundo real? ¿Quiero ser admitida en el mundo real si supone sacrificar mi mundo personal?
Odio los domingos.

sábado, julio 09, 2005

A WHOLE LIFE

Por fin ha llegado el fin de semana y puedo dormir y dormir y dormir un poco más... aunque por ahora no lo estoy consiguiendo.
Ayer, después de mi clase de danza del vientre (!), fui a comer con Sofía, una compañera. Es una mujer de ventitantos años que hablar sin cesar, de cualquier tema... incluida la religión. Yo debería haber aprendido a evitar ciertas discusiones, pero la verdad es que no puedo. Comenzó diciendo que no creía en las donaciones de sangre, porque la sangre era muy privada. A partir de ahí empezó a hablar de sus clases de estudio de la Biblia... impartidas por una enfermera que pertenece a los testigos de Jehova. Me dijo que la Primera Guerra Mundial fue causada por la expulsión del demonio... y que a partir de allí el mundo había ido degenerando y la gente, poco a poco, se había ido convirtiendo en seres más y más viles, preparando así el Apocalipsis. Su enfermera decía que antes de la Primera Guerra Mundial no habían existido grandes tragedias ni matanzas, que las personas eran mejores. Por supuesto, se olvidó de mencionar las pestes, las interminables guerras que durante siglos y siglos sacudieron diferentes países europeos, las colonizaciones, la aniquilación de los nativos americanos, la extrema pobreza de los campesinos en los sistemas feudales, la esclavitud...
¿Por qué la gente está siempre tan dispuesta a decir que antes todo era mejor? Entiendo que en este caso concreto, esa mujer necesita decirlo para que sus alumnos crean su lectura de la Biblia, para poder captarlos para su secta (Sofía ni siquiera sabía que los testigos de Jehová es una secta). Pero es un fenómeno muy presente en toda la sociedad. Nuestros abuelos nos cuentan historias de cuando eran jóvenes y todo era más sencillo y más barato, y las personas más honestas y amables. Las películas de Hollywood, cuando retratan épocas pasadas, incluso si muestran conflictos bélicos y miserias, siempre se esfuerzan en presentar un sentido del honor, una fidelidad, unos sentimientos profundos y puros, desconocidos (según ellos) en estos días que nos han tocado vivir.
Todos creemos, o hemos creído alguna vez, que hemos nacido en la época equivocada. Yo solía pensar que tendría que haber vivido los sesenta y los setenta, en Londres, por ejemplo, y conocer a todos los músicos que se han convertido en leyendas. O tal vez a comienzos del siglo pasado, y formar parte de las vanguardias, hablar con Tristan Tzara y Oscar Wilde. O tal vez en pleno período romántico, ya que mis sentimientos son tan desbocados como los suyos. O tal vez en la sociedad de Jane Austen, como una doncella etérea, pero alegre y decidida.
Hay tantas opciones... La única que suele parecer siempre incorrecta es aquella que nos tocado. Vemos fotografías antiguas y todo parece más hermoso, pero nos negamos a salir a la calle mirando las nubes o las estrellas. Tal vez la generación siguiente mire hacia atrás y desee haber vivido estos días, llenos de cambios y voces de protesta y oportunidades. Tal vez la generación siguiente se queje, como nosotros, de que les ha tocado vivir en una era de violencia y mentiras e hipocresía. Tal vez se den cuenta de que la violencia, las mentiras y la hipocresía no dependen del período en el que nos toque vivir, sino de las personas. Y es cierto que las personas cambian, pero no creo que sea cierto que degeneren poco a poco como influencia del demonio o de su época. Lo que sí creo es que tenemos una memoria muy confusa y una gran inabilidad para aceptar nuestra realidad. Es más fácil soñar con el pasado que intentar cambiar el presente.
Ayer, cuando regresaba a casa después del trabajo, un hombre me dijo "Toda una vida". Los dos seguimos andando, pero me hubiera gustado detenerme y preguntar qué quería decir. Pero supongo que no hace falta. Lo importante ya está dicho. Toda una vida. Una vida que es nuestra, para hacer con ella lo que deseemos, para soñar, para lamentar, para cerrar los ojos o para ser valiente y descubrir que nosotros tenemos el poder de decidir cómo queremos que nuestra vida, cómo queremos que sea nuestro presente.

viernes, julio 08, 2005

WHY DO YOU SMILE SO MUCH?


Ayer hubo otro concierto. Más gente y más gente y más sonrisas.
Uno de los primeros clientes que atendí se chocó contra un cartel porque dijo que mi sonrisa le había cegado. Después me pidió mi número de teléfono y cuando me negué a dárselo dejo de sonreír.
Otro cliente me dijo que se casaría conmigo sólo por mis ojos y mi sonrisa. Muchos me contaron bromas y sus opiniones sobre el concierto y sus planes para el verano y todo lo que podían contarme en unos minutos.
Uno de ellos tardó algo más de lo normal en decidir y encontrar su dinero, mientras yo le sonreía tranquilamente. Cuando le di su vuelta y su ticket, se quedó parado delante de la caja durante unos momentos, y me preguntó por qué sonreía tanto... Respondí que estaba de buen humor. ¿Era verdad?
Todos se fijan en mi sonrisa y a veces me sonríen también, pero la mayoría lo hace de forma insegura, como si se hubiese olvidado de cómo se hace. ¿Por qué se sorprenden de que yo sonría? Tal vez no haya demasiadas razones, pero hay que intentarlo, ¿verdad?
Ayer sentí que ese chico me estaba acusando. Sé que en realidad no lo estaba haciendo, que estaba buscando una respuesta coqueta y graciosa, pero en mi mente comencé a buscar respuestas y en realidad no encontraba ninguna, pero por lo menos lo estoy intentando.

sábado, julio 02, 2005

TAKE OFF YOUR HEADPHONES SO I CAN TELL YOU HOW PRETTY YOU ARE


De nuevo en Madrid, en el sofá del salón, escuchando a Bob Dylan cantar canciones tristes, tomando zumo de naranja, acariciando el teclado de mi ordenador portátil, con los ojos abiertos y los pensamientos en pausa, un vestido morado demasiado grande y pies descalzos.
He regresado de Italia y he comenzado a trabajar. He visto a mis amigos y he visto a personas que conocía de años anteriores. He paseado por las calles de Madrid. He comprado libros y ropa. He oído bromas y cumplidos. He dormido acurrucada en mi edredón. Me he mirado al espejo más de lo necesario.
No he descubierto nada.
La madre de Dario me preguntó si de verdad tenía que regresar a Madrid, si no podía quedarme un poco más de tiempo. Respondí que tenía que trabajar y estar con mi padre y con mis amigos, porque había estado fuera muchos meses y dentro de poco me voy de nuevo. Ella, al despedirse, me abrazó mucho y me dijo que al irme dejaba un vacío.
Tal vez sólo deje la mitad de un vacío. La otra mitad viaja conmigo, me sigue fiel en todas mis aventuras y expediciones. Ayer sonreí tanto tanto a los clientes. Tanto tanto que toda mi cara parecía una máscara blanda, de plastilina, que se estaba deshaciendo poco a poco.
Podría haberme quedado en Italia otro mes. Trabajar allí en algún lugar, dormir, ir a los lagos varias veces a la semana, seguir pintando mis piernas con heridas gracias a la bicicleta... Dylan canta sobre Italia y corazones solitarios y quejas y arrepentimientos y recuerdos. Las cortinas filtran la luz de la calle y toda la habitación parece estar en una jaula de ámbar, en una gran pecera. Estoy segura de que aunque yo no puedo ver qué hay fuera de estas cuatro paredes, en algún lugar hay observadores que pasean delante de mi pecera, sin detenerse demasiado y sin intentar comprender qué hago aquí. Tal vez de vez en cuando yo me convierto en uno de ellos.